ESTRÉS ¿Víctima o verdugo?

Efectivamente el estrés se ha erguido como causa principal de los mayores problemas psicológicos y físicos del siglo XXI. Es ese fantasma que está detrás de enfermedades crónicas, infartos o incluso cáncer. Ese fantasma provocado, según la OMS, por trabajos monótonos, con exceso o escasez de actividad, ritmos superiores a los que podemos asumir, por tareas que no nos gustan o "deadlines" estrictas y demasiado optimistas. Pero, ¿Qué conocemos realmente del estrés?

El estrés es un conjunto de alteraciones que se producen en el organismo como respuesta física ante determinados estímulos repetidos, como por ejemplo el frío, el miedo, la alegría, etc. Es la manera que tiene nuestro cuerpo de responder hacia aquellos estímulos que exigen un cambio en nuestro funcionamiento. Y, a priori, es algo estrictamente necesario para vivir. El estrés es aquello que permite que te apartes del asfalto cuando viene un coche, o que frenes ante un peatón que se lanza a la carretera a su suerte.


Es posible entonces que ese fantasma que hay detrás de cada uno de esos problemas no sea el estrés sino lo que nosotros hacemos con el.


Y así podemos comprobarlo en la definición que añadimos, no hace más de 50 años, a esta palabra. Entendiendo el nuevo estrés como ese estado de cansancio mental provocado por la exigencia de un rendimiento muy superior al normal que suele provocar diversos trastornos físicos y mentales.




¿Y adivináis de donde viene esa exigencia de la que habla? Bingo! Nosotros decidimos el tipo de pensamiento que mantenemos, de manera continuada, generando esa fatiga a la que el cuerpo humano no está acostumbrada, imaginando o recordando cualquier otra realidad que no es la PRESENTE, es decir, manteniendo un pensamiento sobre pasado o futuro, que dispara el miedo o la ansiedad, o incluso la tristeza, de manera continuada, mientras mi cuerpo permanece en el presente.


Bueno, en principio todo lógico, pero sigue siendo estrés, pensarás. Pero ¿Qué sucede cuando agenciamos al estrés cualquier problema que tenemos? En el mejor de los casos entendemos que tenemos que tomarnos la vida de otra manera y que está en nosotros mejorar. En la mayoría de los casos externalizamos el problema, externalizándo también la solución, y entonces: Cambiamos el trabajo, la pareja, la ciudad, o incluso nos medicamos, pero el estrés no desaparecerá, porque recuerda, está generado por lo que nosotros hacemos con esta reacción natural y necesaria. Y por esto en la mayoría de los casos no desaparece e incluso se agrava.


Por suerte, nuestra capacidad mental no sólo se dedica a encontrar maneras de autodestruírnos sino también de salvarnos. En este caso, la herramienta que ha demostrado mayor efectividad para este cambio profundo en nosotros mismos es el Mindfulness. Aquella que te enseña a traer tu pensamiento al mismo lugar donde está tu cuerpo: EL PRESENTE


¿Como me ayuda el Mindfulness?


Meditar nos ayuda a generar conciencia plena de que lo hago y responsabilizarme de las consecuencias y de los resultados.


Mejora la atención, esa capacidad de estar presente en todo aquello que hago me permite enfocarme, no distraerme porque he entrenado a mi mente a no despistarse a través de la meditación. Me impongo sobre todos los estímulos que se me puedan presentar y me centro en aquello que deseo hacer.


Mejora el sueño y la calidad del mismo. Aprendo a través de la meditación a desconectar todo aquello que este momento no me interesa o no es adecuado, yo no puedo impedir que vengan pensamientos, pero si puedo elegir si los sigo o los dejo pasar.


Mejoran las relaciones personales. El no juicio y la aceptación de que las cosas son como son hace que mire a los demás con un estado mas amable, influyendo esto de manera positiva en las relaciones.


Facilita la autogestión emocional. A través de la práctica formal de la meditación aprendo a sostener todo aquello que me pasa, aceptándolo y sacando el aprendizaje para poder avanzar en mi propósito. No huyo sino que acepto, afronto, aprendo y continuo.


Facilita la gestión del tiempo. Al aprender a enfocarme y al estar consciente me permite discernir entre lo prioritario y lo que puedo delegar o lo que no son cosas mías, planificando de manera consciente en función de mis objetivos y de los resultados que deseo obtener.


Disminuye la sensación de dolor, al poder poner la atención en otra cosa mi percepción del dolor es diferente, por eso es magnífico para las personas con dolor crónico.


Me ayuda a estar en equilibrio y a desarrollar la ecuanimidad. Comprendiendo que las circunstancias son las que son, solo datos que me da la vida y con los que yo tengo que actuar, elimino la queja y me centro en lo importante. ¿Te gustaría llevar el mindfulness a tu vida? MBSR FORMACIÓN INTENSIVA DE MINDFULNESS


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